[🤔 UNA REFLEXIÓN LITERARIA🤔]
Me gusta pensar que puedo atrapar carcajadas.
Sí. Ojalá tener una caja, o artilugio similar, donde atrapar las carcajadas de las personas con las que me relaciono. Y, sobre todo, de una persona en concreto, que tiene mi carcajada favorita. En el momento en que esa persona escucha algo gracioso, y lanza su carcajada al aire… ¡zas! La agarro y la guardo en mi cajita. Ale, mía. Para siempre. Lo siento, no haberla lanzado al aire, dejándola sola y sin propietario.
Este verano, de hecho, he atrapado unas cuantas carcajadas. Y me las he guardado en mi cajita. Me van a venir genial, ahora que se acerca el momento de volver a la rutina. Cuando tenga un mal día, abriré mi cajita y escucharé una carcajada.
No os voy a mentir, esta persona en cuestión, también me ha robado algunas de mis carcajadas. A veces se me olvida poner la mano delante de la boca cuando me río, y salen disparadas. ¿Tendrá también una cajita? ¿Las habrá guardado ahí? En cualquier caso, no me importa mucho, yo he salido ganando seguro. Mis carcajadas no son tan geniales como las suyas.
Atrapar carcajadas me ha recordado a cuando atrapaba besitos de mi madre en un jarrón.
Y creo que es de las cosas más bonitas que recuerdo de mi infancia. ¿Seguirán ahí? ¿Los besos caducan? ¿Cuántos besos cabían en aquel jarrón antiguo?
Recuerdo que, cuando queríamos meter un nuevo beso en el jarrón, hacíamos el movimiento de "destapar-meter el beso-tapar” lo más rápido posible para que no se salieran los que aún seguían dentro.
¿Cuánto tiempo tardan los besos en escaparse de un jarrón? ¿Lo mismo que tarda el aire en salir de una colchoneta hinchable antes de que consigas ponerle el tapón?
Muchas incógnitas, que no sabré jamás. Porque las carcajadas y los besos son invisibles. Pero ya sabes: lo esencial…
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