Microrrelato #16 – El arte de trasnochar

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Desde la mesa en la que estudiaba durante mi etapa universitaria podía ver un edificio alto. Entre página y página, me divertía imaginar cómo eran las vidas que había tras las ventanas. Cuando todas las luces se habían apagado, una habitación seguía iluminada hasta muy entrada la madrugada. Lo sé porque yo también trasnochaba. Estaba segura de que se trataba de alguien opositando. Me gustaba. Me sentía acompañada. Era como si los dos estuviéramos ahí, luchando por algo, cuando el resto dormía. Por aquel entonces dormir me parecía una pérdida de tiempo. Por la noche el mundo se detenía, se quedaba en pausa, y yo cogía ventaja. Me sentía ganadora. En cambio, por el día todo iba demasiado rápido. Si no me adelantaban, era por la distancia que había conseguido trasnochando.

Cuando acabé la carrera me vine a vivir a Madrid y perdí la pista a mis vecinos. El otro día, siete años después, en una de mis vueltas a casa por Navidad, me fijé de nuevo en esa ventana. Eran las tres de la mañana y la luz seguía encendida. Empecé a dudar de la teoría de las oposiciones y busqué otras alternativas. La verdad, no sé qué hará, solo sé que esa persona sigue luchando por algo, y yo ahora duermo.

BeatrizMicrorrelato #16 – El arte de trasnochar

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